Veníamos hace semanas durmiendo en los P, o cuando tenemos suerte en campings, siempre en colchon, carpa y sobre. Pocas veces con baño decente, y nunca con un desayuno abundante. Extrañábamos los días de Asia, con todo incluido, excursiones preparadas, hoteles espectaculares. Por esa razón esperábamos con ansisas que llegue Rusia. Ojo, también por lo que es el país, teníamos expectativas de las 2 ciudades que estaban en el itinerario: San Petersburgo y Moscú.
El primer destino fue San Petersburgo, llegamos en bondi desde Helsinki, tras un largo rato en la aduana por problemas de una compañera con el visado, y otros percances similares.
Moscú la encontré muy diferente. San Petersurgo era una ciudad más turística, muy arreglada, prolija, mientras Moscú es más ciudad, la vi con más actividad cotidiana, metros más grandes. Me gustó de todos modos, pero de otra forma,
Moscú tenía muchas cosas interesantes para hacer, la plaza roja con el Kremlin, el mausoleo de Lenin y el Basilico, entré en todos. El Kremlin está lleno de iglesias ortodoxas de distintas épocas, el Basilico (es el edificio de las cúpulas extrañas) es más chico de lo que piensan, y a Lenin… bueno es un fiambre custiodiado por una troja de policias que no te dejan hacer ruido, tener las manos en los bolsillos ni quedarte más de 30 segundos viendo al finado. Igual muy impresionante el estado en el que se encuentra, algo morboso por parte de los rusos, pero bueno.
La noche no la conocí como debería, llegamos un domingo y nos fuimos el jueves de tarde. Salimos el miércoles y algún boliche encontramos, pero no había mucha gente, lo llenamos de uruguayos.
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